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13 de marzo de 2011

La becada

tiene el pelo castaño claro, como un trigal. No confundir con el color del trigo, que es otra cosa. Ella tiene el pelo color trigal, todo el campo está en su pelo, dorado, absorbiendo el sol hasta ser el sol, hasta ser un inmóvil océano de luz. La becada tiene la piel blanca, blanca, muy blanca, y salpicada de pequitas que oscilan en el límite tenue de lo imperceptible. Tiene la boca menuda, y más sonriente de lo que mi ánimo puede tolerar sin sonreír también; en los márgenes de los ojos se le hacen unas líneas que son como avenidas donde pasearían cosas pequeñas y felices y suaves y etéreas, si tales cosas existieran. Pero entonces llegamos a los ojos,

y los ojos de ella son el lugar donde la luz se troca en viento, en agua, en aire, se detiene un momento, y luego nada más se va.

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