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18 de abril de 2013

Recordatorios

Mañana se acaba mi rotación por psiquiatría, que es lo que quiero hacer con mi vida.

Significativamente, hoy, Andrea me acordó de algo que se me ha estado olvidando: Existe gente como ella. Así de simple. Gente que las tiene todas, pequeños modelos a escala de cómo el universo debiera ser. Me siento solo y se me olvida lo importante; bueno, eso es lo importante: ésa es mi apuesta. 

Gente como ella. También es lo que quiero hacer con mi vida. Debe valer la pena esperar.

Celebremos el valor de elegir, de estar solo, y de elegir estar solo, con un poema.

***

Tú andas así
pavoneándote de todo lo que eres
de todo lo que obviamente llegarás a ser

¿y quién soy yo, dime?
                                     ¿qué soy?

Una pequeña motita coronando la supernova.

Quisiera conocerte
preguntarle al fondo de tus ojos 
si eres Elena escondida
reflejarme en tu sonrisa;

estoy sesgo por ti
desorientado
no puedo enfocarte con claridad
ser juicioso
                  creo que eres hermosa
                  creo que existes
no tengo mucho más de qué aferrarme.

A veces, por las noches,
creo que el brillo de la ciudad me ilumina la cara
siento que está ahí para reflejarme
para darme un poco de luz
un poco de calor
                          o hermosura.


***

3 de noviembre de 2012

"Estudiaba al pasar un sátiro de Praxiteles, y me detenía ante las efigies del muerto. Cada habitación tenía la suya, así como cada pórtico. Con la mano protegía la llama de mi lámpara, mientras rozaba con un dedo aquel pecho de piedra. Las confrontaciones complicaban la tarea de la memoria; desechaba, como quien aparta una cortina, la blancura del mármol de Paros o del Penélico, remontando lo mejor posible de los contornos inmovilizados a la forma viviente, de la piedra dura a la carne. Continuaba luego mi ronda; la estatua interrogada volvía a sumirse en la noche, mientras mi lámpara me mostraba una nueva imagen a pocos pasos; aquellas grandes figuras blancas no diferían en nada de los fantasmas. Pensaba amargamente en los pases con los cuales los sacerdotes egipcios habían atraído el alma del muerto al interior de los simulacros de madera que emplean para su culto. Yo había hecho como ellos, hechizando piedras que a su vez me habían hechizado. Nunca más escaparía a ese silencio, a esa frialdad más próxima a mí desde entonces que el calor y la voz de los vivos; contemplaba rencorosamente aquel rostro peligroso, de huyente sonrisa. Y sin embargo, horas después, mientras yacía tendido en mi lecho, decidía ordenar una nueva estatua a Pappas de Afrodisia; le exigiría un modelo más exacto de las mejillas. Allí donde se ahondan apenas bajo la sien, una inclinación más suave del cuello hacia el hombro; a las coronas de pámpanos o a los nudos de piedras preciosas, sucedería el esplendor de los rizos desnudos. Jamás dejaba de hacer ahuecar aquellos bajorrelieves o aquellos bustos para rebajar su peso y facilitar su transporte. Los que guardaban mayor semejanza me han acompañado por doquier; ya ni siquiera me importa que sean hermosas o no."

18 de diciembre de 2011



Y qué se hace ahora, cómo,
cómo se olvida?

Porque yo sé que cosido a los pies de la olvidación
viene el asombro
la sorpresa infinita

pero para eso hay que olvidar,
sí olvidar
y no te equivoques:

Olvidar porque ella te lo pide
olvidar no en el tiempo
como se olvida cuando corresponde
NO

olvidar ahora.      (Mira cómo lento allí aparece el oxímoron)

Y ahora
el olvido.

El olvido & todo lo demás.

Y no te vayas a quivocar
que yo conozco eso que andan diciendo
los otros
los demás;
que el olvido es fácil & es
el ejercicio liberador
de dejar ir.

Yo sé que lo dicen y yo lo digo:
no los oigas.

El olvido es olvidarse de una parte
de un pedazo que uno era.

Olvidarse es sacarse algo
una extremidad
una víscera
y echarla al río.

Eso es olvidar
y no te vayas a creer cualquier tontera;
olvidar es enterrar un pedazo de lo que uno era.

Yo solía escribir
grandes
sinfonías bellas &
para gloriosas orquestas y
ahora

apenas hago ruiditos con dos,
tres instrumentos.

Uno se mata un poco, a veces.

Pero tiene una cara linda la moneda
y es que
allí donde te sacas el pedazo
queda sitio para que crezca
cualquier otro día

algo más, quién sabe, otra cosa.