Advertencia

Este blog NO es el blog del Médico Juan - Ignacio Reculé Rivera. Si usted busca a ese facultativo, puede encontrarlo AQUÍ.

21 de abril de 2013

Respuesta

Este post es una respuesta a este comentario en esta entrada. El blog no me dejó publicarlo en la bandeja de comentarios por ser demasiado extenso, así que aquí va. Si no le gusta, tenga una galleta:



Anónimo:

Clarissa lo explica todo, pero como Clarissa ya no está...

1. A lo largo de este blog (y del anterior) aparecerán, intro y outro de escena, personas-personajes. Ellos existen en la vida real. Sin embargo, si bien yo tengo derecho a ventilar mi vida tanto como se me dé la real gana en el internet, es igual de cierto que mi derecho a publicar la de los otros es nulo; por ello, los hago aparecer sólo con su nombre de pila, con la idea de que si se encuentran a sí mismos leyéndome, se vean, e incluso, si les irrita aparecer, puedan informarme para que los oblitere del escrito. Por ahora, tendrás que contentarte con saber que hay una Andrea. Imagínala a tu gusto, todo acto de lectura es reinterpretación.

2. Porque estudié medicina. Me encanta [cháaaaaa, ahora poh, después de pasar todo el 2012 quejándose] la carrera. Mi amor por las ciencias biológicas es genuino, fiel, e imperecedero. De todos modos el tiraje que me ejerce la ciencia humana tiene tanto torque que tuve que elegir la especialidad más dedicada al hombre, y que más depende y se esfuerza por entenderlo en una dimensión más allá de lo biológico. Ambos "lados" de la ciencia están mancos sin el otro. Yo necesito de los dos para ser feliz.
Si tu pregunta es más práctica y simple, "¿Qué pasaba en tu cabeza al momento de elegir en cuarto medio?", quería una carrera que fuera lo más atingente a todos mis intereses posible, que en ese momento eran la ciencia, la pedagogía, el arte, la literatura, la música, la plata, el rol social. Sabiendo que al hombre se lo estudia toda la vida pero a la ciencia en la universidad, corté el queque por las ciencias. Dentro de las ciencias, elegí la medicina por la sencilla razón que me permitiría hacer docencia muy probablemente. Me encanta enseñar.

3. Awwww maaaan (ocupo por default el pronombre masculino en esta respuesta porque arriba dice "anónimo"). Yo supongo que vamos a estar respondiendo esta pregunta toda la vida. Uno podría hacer acercamientos desde la biología argumentando que somos seres gregarios de núcleo familiar, que los que se han ido eligiendo por selección natural son más de cubil que llaneros solitarios; que cuando se entra en los 20's la mielinización de las cortezas prefrontales inhibe las conductas exploratorias y favorece las conductas de aseguramiento de supervivencia y estabilidad; que el tic tac del reloj reproductivo empieza a llamar por el sentar cabeza. Todas son buenas pero insuficientes explicaciones.
A mí me satisface bastante más la respuesta de la ética humanista. Hay un momento del crecimiento de uno en que terminamos de buscar/preguntarnos/entender a patadas que somos uno, único, infinitamente pequeños pero infinitamente valiosos. En ese momento, hay como una pausa perpleja hasta que nos damos cuenta que lo único que queda dada esa certeza... es perfeccionarse. Ahí puede quedar la soberana cagada, porque ese perfeccionamiento puede confundirse con disaceptación y ahí tienes tú a alguien que va a seguir toda su vida persiguiéndose sin encontrarse. Pero si logras asentir a quien eres, sin dejar de buscarte mejor, tienes la puerta abierta de la felicidad.
El hombre o mujer así planteado, tendiente al bien, es un equilibrio dinámico; tender al bien obliga a periódicamente replantearse:

Some more cookies? Siempre es bueno replantaerlo.

¿Para qué chucha?

Y esa nunca deja de ser una buena pregunta. ¿Para qué tender al bien? ¿para qué estar toda la vida sacándole punta al lápiz del yo, hasta que haga el trazo perfecto? Porque es entretenido, es una gran respuesta. Incluso suficiente. Pero ¿has hecho feliz a alguien? ¿Has visto a alguien sonreír, sonreír de oreja a oreja, sonreír con los ojos, con la cara, sonreír con el cuerpo completo, y que esa sonrisa sea sólo porque está allí contigo, porque tú existes?

Eso, maldita sea, permite construir vidas enteras alrededor.

Es complicado, en todo caso, incluso plantearse desde algo tan "puro" como hacer a alguien feliz. ¿No es como equivalente a decir que requieres la validación de un otro? ¿que eres insatisfactorio en cuanto a ser único? ¿no es eso negar la condición fundamental del hombre, universo en sí mismo, valioso per sé?.

Le he dado vueltas al problema asistido de más de un libro. Hasta ahora, he llegado a un punto de consenso que va como sigue: Por un lado, el ser humano es una propuesta autocompleta. Es decir, su tendencia al bien es suficiente para permitirle la constante autorealización. Si hubiese un hombre solo en el mundo, único, podría realizarse; todo lo que necesita está en él. Sin embargo, esa realización al bien, cuando se da en un contexto de comunidad, no puede sino impactar en la realización de los que lo rodean. Surge la realización de la comunidad como bien emergente. Si quieres, es una consecuencia innecesaria, pero inevitable. Roa Rebolledo, en "Ética y Bioética": "[así tenemos que] el bien ético sea todo lo que procura simultáneamente la realización de sí y de los otros, por eso el amor es el bien por excelencia". Amar es la fórmula perfecta de la tendencia al bien del hombre; es la flecha certera de la realización, pero no como objetivo, sino como emergencia.

Lo que quiero decir es que en el proceso de formar una persona, y que esa persona elija la virtud y se ejercite voluntariamente en el deseo de lo bueno, la necesidad de amar aparece como un subproducto.

Esto se reconoce incluso antes de alcanzar, o antes siquiera de buscar, estar en el ejercicio de la autorealización. ¿Quién, siendo joven, no ha querido tener una pareja "a toda raja", en definitiva, porque nos valida socialmente, personalmente, emocionalmente?. Es una intuición que viene casi preprogramada. "Si estoy con alguien tan maravilloso, es porque estoy haciendo las cosas bien". Así funciona en términos básicos; la gracia es cuando la ecuación se invierte, y va más o menos "Si estoy haciendo las cosas tan bien, me dan ganas de estar con alguien, para amarlo".

Yo me quedo con esta construcción; la búsqueda del bien lleva al deseo de amar. Y el amar es bidireccional. Por un lado, da "uso" a ese "lápiz afilado" en el que nos ha convertido el esfuerzo, para escribir un proyecto vital en conjunto; por otro lado, somos humanos, necesitamos que nuestra unicidad y unidad se nos reconozca. El estar con alguien es como la certeza de "sí. Este proyecto en el que te aventuraste, este salto al vacío que fue elegir ser tú mismo, sin ninguna garantía, sin modelos, sin certezas, sin manual de instrucciones, sin nada en qué confiar más que tu estómago... Bien hecho". No hay que olvidar, siempre, que ese "uso" del lápiz no es ni necesario ni suficiente para el bien; es simplemente que estando el lápiz ahí, qué ganas de usarlo.

Todo suena ordenadito (o por lo menos para mí, jajaja) en el texto. Puta que es difícil llevarlo a cabo. Uno es feliz autorealizándose, qué duda cabe, pero pucha que a veces dan ganitas de llegar y tener a alguien a quién prepararle un tecito y calentarle las patitas. Ojo con ese momento, porque ahí comienza la duda; la duda de ¿estaré haciendo las cosas bien? ¿qué pasa que tengo estas ganas incontenibles de querer y no puedo satisfacerlas? ¿soy cluster b? ¿estoy medio loco? ¿en verdad soy lo más fome del universo y me he autolavado el cerebro con esto del crecimiento personal y bostas por el estilo?

Ése es el momento del salto al vacío. El momento de confiar, de seguir ciegamente adelante. Porque la realización es de uno consigo mismo; el amor, un subproducto hermoso. El deseo de amar, bien llevado, es un gran indicador de que se están haciendo las cosas bien. Pero espera, espera que aparezca alguien que esté en las mismas para que ese amor pueda ser la floración de un deseo de bien que se derrame al universo, y no una relación depredatoria, o una muleta allí donde lo que falta es crecer.

Listo, acabó mi pontificado, Juan - Ignacio I se retira. Pueden publicar esto como la encíclica "Amore, homo, bene" de motu proprio.


20 de abril de 2013

La Vida de Las Abejas

Just Like You Imagined by Nine Inch Nails on Grooveshark
XI

Pero, se dirá: ¿qué nos importa que las abejas sean más o menos inteligentes? ¿Por qué pesar así, con tanto cuidado, una pequeñas huella de materia casi invisible, como si se tratase de un flúido del cual dependieran los destinos del hombre? Sin exagerar nada, creo que el interés que tenemos en ello es de los más apreciables. El encontrar fuera de nosotros una marca real de inteligencia nos causa una emoción parecida a la de Róbinson descubriendo la huella de un pie humano en la arena de su isla. Parece que no estamos tan solos como creíamos estar. Cuando tratamos de darnos cuenta de la inteligencia de las abejas, estudiamos en ellas, en definitiva, lo más precioso de nuestra substancia, un átomo de esa materia extraordinaria que tiene la propiedad magnífica de transfigurar las necesidades ciegas, de organizar, embellecer y multiplicar la vida, de tener en suspenso, de una manera más impresionable, la obstinada fuerza de la muerte y la gran ola inconsiderada que arrolla casi todo lo que existe en una inconsciencia eterna.

Si fuésemos los únicos en poseer y mantener una partícula de materia en ese estado particular de floración o de incandescencia que llamamos inteligencia, tendríamos algún derecho a creernos privilegiados, a imaginarnos que la naturaleza alcanza en nosotros una especie de fin; pero hay toda una categoría de seres, los himenópteros, en que alcanza un fin casi idéntico. Esto, si se quiere, no resuelve nada; mas no por eso el hecho deja de ocupar un honroso puesto entre la multitud de pequeños hechos que contribuyen a ver clara nuestra situación en la tierra. Hay ahí, desde cierto punto de vista, una contraprueba de la parte más indescifrable de nuestro ser; hay ahí superposiciones de destinos que dominamos desde un punto más elevado que ninguno de los que alcanzaremos para contemplar los destinos del hombre.
La Vida de las Abejas
Maurice Maeterlink, traducido por Pedro de Tornamira, 1913

18 de abril de 2013

Recordatorios

Mañana se acaba mi rotación por psiquiatría, que es lo que quiero hacer con mi vida.

Significativamente, hoy, Andrea me acordó de algo que se me ha estado olvidando: Existe gente como ella. Así de simple. Gente que las tiene todas, pequeños modelos a escala de cómo el universo debiera ser. Me siento solo y se me olvida lo importante; bueno, eso es lo importante: ésa es mi apuesta. 

Gente como ella. También es lo que quiero hacer con mi vida. Debe valer la pena esperar.

Celebremos el valor de elegir, de estar solo, y de elegir estar solo, con un poema.

***

Tú andas así
pavoneándote de todo lo que eres
de todo lo que obviamente llegarás a ser

¿y quién soy yo, dime?
                                     ¿qué soy?

Una pequeña motita coronando la supernova.

Quisiera conocerte
preguntarle al fondo de tus ojos 
si eres Elena escondida
reflejarme en tu sonrisa;

estoy sesgo por ti
desorientado
no puedo enfocarte con claridad
ser juicioso
                  creo que eres hermosa
                  creo que existes
no tengo mucho más de qué aferrarme.

A veces, por las noches,
creo que el brillo de la ciudad me ilumina la cara
siento que está ahí para reflejarme
para darme un poco de luz
un poco de calor
                          o hermosura.


***

17 de abril de 2013

Diálogo

Mahler. Si los románticos son como una comunidad de adolescentes superdotados en la composición, digamos unos X-Men musicales, Gustav Mahler sería el profesor Xavier. Mahler compone desde el equilibrio, desde la madurez, y le achunta con todo.
Hoy, 08/04 (todo este texto es un largo post-Scriptum), la Sinfónica de Santiago rindió la Sinfonía nº 4 en G. A la más putera perfección. Mahler no se queda chico con nada. 6 cornos, 4 accesoristas, clarinete normal y barítono, 3 fagots y un holy motherfucker contrafagot, 7 contrabajos, 10 cellos, 4 traversas, 3 oboes y un oboe bajo... en fin, para que sonara de todo en todos lados, mientras se iba llenando el proscenio yo me excitaba más y más, a fin de cuentas, con esa línea absurda de instrumentos bajos el asunto iba a sonar en super dolby ultra surround sound y eso me encanta.
No estaba preparado para lo que venía. La cuarta sinfonía de Mahler es una reinvención de lo que es posible en el diálogo orquestal. Está todo hecho, todos conversan con todos en un acierto en el que nada sobra, nada queda por decir, los cornos con los oboes (genio!), los bajos con los violines, las flautas entre ellas, aparecen instrumentos solistas sobre las líneas de su cuerda, aparecen solistas que se roban las líneas de los otros solistas, aparecen bloques enteros que se roban la línea del solista... uff. Todo esto podría remitirse a una poderosa aseveración de principios, un statement comparable a lo que es Parra en la poesía, pero Mahler llega mucho más allá porque sobre el entramado de esta tesis, genera una de las obras más sublimes nunca hechas, válida no sólo por lo que supone para el resto de las obras, sino por su poesía interna.
La cuarta es genial; pero el único adjetivo que le es más superlativo que su genialidad es su hermosura. Hay una bajada de los cornos sosteniendo a las maderas (solos, sin nadie más) en el segundo movimiento que es ridículamente bello. El cuarto movimiento me empapó los ojos montones de veces. Tuve que salir a comprarme la grabación (Leonard Bernstein en la batuta). Acá la tengo al lado mío.

Después de este exordio, algo sobre diálogos tendría que decir. Pero estoy justamente del otro lado; en un alto de silencio. El diálogo, ese logos salido de dos que construyen mutuamente, no está; y oscilo entre una total paz y una irritabilidad sulfurosa al respecto. Extrañamente, ha aprendido a que Santiago me devuelva la tranquilidad, con sus parques, sus islas de verde.

No sé hacia dónde moverme, ni qué esperar; no sé siquiera si se debe esperar algo. Lo que sí parece estar sucediendo es que muy de a poco está pariéndose ese verbo alterno, esa espera que está viva, esa espera que es en sí misma acción.

9 de abril de 2013

Lo inesperado

"Lo que habría tenido que suceder
no ocurrió nunca.  Lo que esperábamos
no se cumple;
y a lo inesperado
la divinidad abre paso"

- Medea. Eurípides

29 de marzo de 2013

Puro jugar con los ladrillos

MaFe y yo, pelando conversando sobre X:

MF:
me transmitio sensacion de felicidad
pero no se que tanto le dure
ojala que harto po

JI:
pura moria esa felicidad
la felicidad verdadera viene de autoconstruirse
X puro juega con los ladrillos

Soy tremendo con las frases.

26 de marzo de 2013

El teatro municipal

El 26 rindieron la Sinfonía Concertante para Violín y Viola, y el Réquiem (recomendación del chef: clickee la Concertante, y escuche el andante, que es más lindo que darle un beso a la polola).

Lloré con el Rex Tremendae. Así como que realmente, lloré. Con lágrimas. For real. Sentado en mi asiento. Les salió... bueno, tremendae.

Pero eso no es lo importante. Lo importante es

¿Qué chucha, teatro municipal? ¿por qué tantas minas ricas en la orquesta? La amazona que es el primer oboe está de temer, y la violinista de los lentes, épica. Ni hablar de la cellista. No sigo pero podría. Hay alguien en el departamento de personal que está haciendo las cosas como los campeones, porque la orquesta no sólo se oye bien, se ve bien.

Cuéntele al tío J-I

Los habitués de este antro literario (no por el alcohol, sino por la mala pinta) que es mi blog sabrán que las ideas se me materializan en formato ladrillo, temporalidad súbita y en imperativo categórico. Figuraba yo tocando mi guitarra eléctrica, cuando ¡paf! Autofanía:

Estoy en la Dad - Zone.

Porque sí, existe un territorio que es peor que la friendzone. Ya estoy un poco paranoide con esto de que se me fue el toque, mano, con las mujeres, ¿en qué estoy oxidado? ¿Qué tienen en común todos mis últimos fallidos (abarcando toda la gama desde el pucha, no hasta el eres un monstruo, me cagaste la vida) conatos de relación?
This is so totally a thing.

Soy una figura paterna, y eso se deja manifestar de la peor forma posible. Porque si hay una cosa que está prohibida, si hay una ley fundamental del universo parejero (ya no me acuerdo quién me lo enseñó, parece brotar desde el inicio de los tiempos), es que nunca hablas de tu ex. Por lo menos no al principio. Y jamás, ¡jamás! si el otro no pregunta.

Tate, todo el mundo me habla de sus exes, cualquiera sea la forma que estos adopten (nuevamente, toda la gama variada, pasando por el ex que me tiré la semana pasada, el ex de hace 5 mil años, la relación tormentosa con mi padre, e incluso la mina que es mi ex [era una mina, no estoy tan experimental / desesperanzado]), cualquiera sea el momento (desde la primera cita hasta el primer polvo), todo el mundo se quiere hacer la psicoterapia conmigo.

Hipótesis: Crecí bajo la premisa de escucha escucha, así tendrás ganada la mitad de la lucha. Y funcionaba. Escuchar amorosa, interesada, intensamente todo lo que una mina tuviera que decir. Técnica infalible si no tienes músculos ni plumas de colores, pero infalible entre los 14 y los 20. A esa edad, las minas no han tenido mayores rollos (si los han tenido, run, mofo, run!), así que lo que tienen para contarse es ellas mismas: doble beneficio, porque ellas hablan y son felices hablándose, y tú eres feliz escuchándolas.

De ahí en adelante, en cambio, la cosa se tiñe color de hormiga, y de hormiga negra, azabache. Porque las minas ya empiezan a tener más configurados sus rollos, sus problemas, y ya no se cuentan a sí mismas; desenrollan el lulo de caca. Porque todas, todas, todas las minas tienen a ese weón. Ese weón que las cagó, ese weón que les echó a perder el autoestima, ese weón ausente, ese weón sobrecomprometido, ese weón que todavía anda dando vueltas, ese weón que nunca más apareció.

Hormiga negra. ¿Sabía usted que el ácido fórmico - nombre alternativo del ácido metanoico (que debe ser el más la raja de los ácidos, porque suena a meta-noia) - se llama así porque la primera vez que se aisló, fue de un montón de formica rufa machacadas? ¿Sabía usted que yo considero los pies de foto como un género literario per sé? 
Ahí es donde aparece uno, bañadito, a veces con perfume, y, si el clima y las ganas lo permiten, hasta con la pelambrera bajo control. Con ganas de conocerla, vestirse de azul y ser un príncipe. Y claro, ocupas de primera la infalible, la que te resultó tan bien cuando aprendiste el juego. Pero no pos. Porque ahora cuando te pones a escuchar, lo que las minas ven es a su papá, al weón que les va a arreglar el juguete que se les acaba de romper. No ven al tipo que puede estar al lado de ellas. Ven al tipo que desde el estrado imparte consejos sabios, buenos pa vivir la vida bien vivida.

Ibas bien, ibas bien, la miras a los ojos y te devuelve la mirada sonriendo, se ríe de tus chistes, tú de los de ella, entran más en materia, uno que otro silencio cómplice y sonriente - todos los indicadores positivos están encendidos - y de pronto blam!, todo es otro tema, en qué momento, por qué, pero ya es tarde. Te están pidiendo consejos y los ojos ya no sonríen con romance, sonríen con jerarquía, sonríen con paidós. Estás en la Dad - Zone. Acepta tu destino, y deja que la nena se desahogue, que le cuente al tío J - I, que todo lo entiende y comprende.

22 de marzo de 2013

Canción de Ciudad

El martes 12 de marzo, el Teatro Municipal de Santiago exhibió una rendición del Cármina Burana de Carl Orff.

Orff, en medio del impresionismo en el que campeaba Stravinsky (y en medio de una Alemania exaltada por un nacionalsocialismo que prometía retornar a las Valkirias, la gloria de Prusia y el Reich), propone esta obra maravillosa, absolutamente carente de las pretensiones armónicas del Clasicismo, cargada de una reciedumbre que nunca conoció el Romanticismo (aunque los nacionalistas rusos le pavimentaron el camino) y con una naturalidad que jamás, jamás, jamás conocerá la música atonal.

¿Por qué me gusta tanto la Cármina

Fue uno de los primeros CD's que consideré míos en mi casa. Yo lo escuchaba como enajenado mientras el resto se cansaba de esa música estruendosa. Fue el comienzo de mi relación íntima con la orquesta, con la música "seria". Y es que lo de Orff es una exageración. La línea rítmica es obscena. Hay de todo, es un orgasmo percusivo constante y dinámico, y los bronces, poderosísimos, con fanfarrias largas, emotivas, melódicas. Se peina con todo lo que hayan hecho antes, simplemente usa a los instrumentos para sostener su línea rítmica, y no al revés como los 400 años que lo preceden.

Además, esa métrica. Cuando ud, querido lector, escucha música, notará que su cuerpo solito se pone a contar: "1, 2, 3, 4, 1...". Eso es porque la música está en cuatro cuartos. Es decir el compás, la unidad de trabajo, la "sílaba" musical, está dividida en cuatro unidades rítmicas, cada una, un cuarto de la nota mayor, que se llama "redonda". Al comienzo de la partitura de la Cármina, Orff deja una nota: pessante. Esto es una indicación al intérprete, de lo que viene a continuación es cargado, pesado, trabajoso, que debe sentirse una música densa, arrastrada, forzada. Pero con eso no es suficiente. Donde la mayoría de la música se deja escribir en esos naturales cuatro cuartos, Orff demanda tres enteros, es decir una música larga, larguísima, unas "sílabas" que se estiran configurando unas frases musicales que son realmente pesadas, discursivas, tremendas, como el texto que las soporta (¿o que soportan?), Oh fortuna, voluble como la luna.

Me encanta Cármina Burana.

Figuraba yo, por supuesto, con la entrada comprada, muy ganoso de ir esa tarde. Fui. Fui una hora tarde, por la simple razón de estar convencido que era a las 20:00, siendo que era a las 19:00. Fue un enojoso comienzo de semana, de una semana algo rara, porque comenzaba mi rotación de psiquiatría y me encanta psiquiatría pero la sensación de boy, time to shine lo empaña todo un poco y es difícil de sacudir.

A propósito de psiquiatría, hay un sujeto en Santiago, un tipo flaco, que fuma todo el tiempo, que anda desaliñado pero de chaqueta. Circula por allí, hoy me lo topé; por supuesto que no me reconoció, porque quizá cuántas caras, cuántas personas sin nombre ve al día, y a todos les hace las mismas preguntas, les cuenta las mismas historias. Pero yo sí, aunque no tiene para mí un nombre o una historia, yo sí lo reconocí, porque hace 12 años, caminando en la noche por Eliodoro Yáñez con mi padre, lo vi por primera vez.

Si cruzas los ojos con él, te saludará con mucho afecto, y te dirá tanto tiempo hombre, tanto tiempo sin verte, pero cómo te ha ido, sigues trabajando por acá, en ****** (en ese momento a mi padre le preguntó por la Cámara Chilena de la Construcción, en donde no ha trabajado nunca), cómo te ha ido, pero mira qué coincidencia, encontrarnos así, me pillaste en un pésimo momento fíjate que ****** (hace 12 años, era una enfermedad que lo había obligado a viajar a Santiago; hoy fue una enfermedad que lo tenía durmiendo en la calle) y se me acabó el dinero y necesito urgente volver a Antofagasta, ¿me puedes ayudar con un poco, hombre? tú sabes cómo ubicarme, yo te lo devuelvo apenas llegue allá.

Recuerdo que ese día tenía 20 mil pesos en el bolsillo. Estaba trabajando de junior en la empresa de mi padre - mi primer sueldo, qué curioso pensarlo así - y me acababan de pagar. Recuerdo mi angustia frente a esta historia desoladora que contaba este viejo amigo de mi padre. Le pasó algunas monedas, y mientras se alejaba, dije pero papá, es tu amigo, podemos pasarle la plata que yo tengo. No hijo. No he trabajado nunca en la Cámara Chilena de la Construcción; nunca he visto a ese tipo en mi vida. Fíjate bien, cómo nunca me llamó por mi nombre; fíjate cómo nunca dijo el suyo. Él va por ahí, contando esa historia, tratando de conseguir un poco de plata para poder comer. Debe estar loco.

Habla perfecto, es un caballero, es amable, te mira a los ojos, te sientes un poco mal por no reconocerlo, parece que eran tan amigos. Algo cambió en mi visión del mundo aquella noche, una cierta manera de entender cómo estaba ordenado el universo, quiénes eran y quiénes podían ser quiénes; entendí que una persona carismática lo era en todo momento, que una persona inteligente lo era para siempre, pero en cierta medida eso no significa nada.

Cármina Burana significa "Canciones de Beuern". Son la reunión de poemas profanos realizados por goliardos en el siglo XIII. Pero es una etimología en extremo insatisfactoria, estando tan cerca, tan lógico, el Cármina Burana que sería "Canciones del Burg", porque cuando los lees puedes palpar la ciudad naciente, la lógica nueva del estudiante que se abre paso en esta nueva lógica de callejas y ritmos y lugares sombríos, y fantasmas grises de piedra y madera. 

Canciones de Ciudad. Porque ésta baila a un ritmo extraño, sórdido y solemne al mismo tiempo, suave, delicado, y conmovedor.

9 de marzo de 2013

So far, So Good


Entonces, JI, llevas 1 semana viviendo en el coto de caza hipster más reputado. ¿Cómo te ha ido con las nenas? 

Respuestas plausibles:

- Sigo un poquito pegado con una mina que conocí hace un tiempo y que está fuera de mi rango de posibilidad.

- Mi éxito más contundente hasta ahora es que en la calle dos travestis que iban de la mano me dijeron "hola" y "rico"

- Estoy dedicado a la profunda exploración de mi propio yo, el crecimiento de mi alma, y la lectura de Alfonso Gómez-Lobo, Shakeaspeare, y Bellow


Dado que todas estas son tristemente ciertas, les presento, como es habitual cuando hay temas sosos en este blog, a Caitlin Fairchild, para compensar:







7 de marzo de 2013

Multipostal

Monsoons by Puscifer on Grooveshark

Fui al dermatólogo para que me diagnosticara finalmente mi chancro palatino...

...bromi.

Me diagnosticaron mi rosácea, lo sé, llevan diciéndomelo por los siglos de los siglos y las eras estelares, pero longi, esto es todo el séptimo año, así que tengo tiempo hasta para ir al dermatólogo. Tengo rosácea, y como yo a la rinofima le tengo terror pánico (Gómez de Silva, en su maravilloso Breve diccionario etimológico de la lengua española, recoge el origen griego panikón deíma, literalmente, temor causado por Pan, nuestro silvo dios de los bosques. Él se queda castamente hasta allí, pero yo me pregunto temor exactamente a qué, considerando el aura copulatoria que rodea a Pan. ¿Qué va a ser de uno si se pilla a Pan en el bosque?. No puedo, por otro lado, terminar esta nota etimológica sin recordarle al respetable lector que Deimos es el nombre de una de las lunas irregulares de Marte. La otra se llama Fobos. Bendigo al astrónomo que eligió como heraldos del dios de la Guerra al Terror y al Miedo.) (ejem, as I was saying...), me tengo que tratar.

Con láser (¿Sabe usted que l.á.s.e.r. es un acrónimo?). Ahí es donde empiezan las cosas lindas del día, porque el dermatólogo me reconoció como alumno (lo que me dejó el orgullo de tres pisos, nos ha hecho como 3 clases en toda la carrera, así que ¡yay me por mi participatividad!) y me dijo que no me preocupara por el costo, que me apareciera por la sala de láseres no más. ¡Fantástico! viva la comunidad médica.

Por otro lado, uno ve cosas raras en la calle. Iba esta mina, cuando me bajé en Bellas Artes, pero no bonita, estupenda, con cara de amor y sumisión por un tipo más bien loca, loca, alocadísima, y yo me preguntaba ¿y uno, tan machito y tan solito?. Ah, pero me bajé en Bellas Artes. ¡Porque me cambié de casa! [Inserte aquí usted un comedido interludio sobre los cambios, la responsabilidad, avanzar, las nuevas etapas, y la madurez]. ¡Así es que fotos!

foto de llegada. A las 11:30 empecé a abrir cajas. A las 4:00 terminé, y estoy muy orgulloso
Mi pieza, lista para las shiquillas

Baño pulcro y sin cremas, el sueño del pibe.

No hay un animal tan feliz como un neurótico feliz.

Sí, la tele está en el clóset. Y sí, mi guitarra rocks so much

skyline

más skyline, ningún edificio que me tape el sol baby
 
En la puerta os recibirá la Reina

Iluminada entrada

Toque personal

So neat


2 de marzo de 2013

Todo el Mal

***SPOILER ALERTS: La historia de Lolita ya es parte casi de nuestro acervo cultural. Para muchos, amenaza con ser la gran novela americana del siglo XX. Por temática y ejecución (y bajo ciertos análisis, por anticipación) bien puede serlo. No voy a spoilear con tramos explícitos de la historia, pero sí con análisis de grandes temáticas, que para algunos lectores / espectadores puede ser igual de destructivo. Para ellos vaya la advertencia entre estas seis vistosas estrellitas***


Uno vive con la idea de que el mal es fácil de alumbrar, ahí entre la muchedumbre de un montón de cosas que nos pasan todos los días, con un tremendo letrero rojo y cachos y fuego y explosiones, Monsieur le Mal, límpidamente distinguible, discernible, enfrentable dentro de lo posible.

El mal es violento, es ruidoso, es desconcertante, es estremecedor en el alma.

Eso es lo que queremos. Lo que aprendimos a creer. Ése es el mal fácil. Deux deux mal. (No hablo nada pero nada de francés, soy pero lo más asquerosamente cursi y pedante que pueda haber, pero qué se le hace, combina con el tema).

Cuando vi Lolita la sensación que me quedó fue ambigua. Sospecho que era la intención deliberada de Lyne. ¿De quién es la culpa de toda esta mierda?. Esa es la pregunta que pegajosa, se atora en la garganta, mezclada con la lascivia, con la vergüenza de la lascivia, con la duda y el horror. Y a ratos, la terrible sospecha de ver a Humbert Humbert, Humbird, Humbug, como la víctima. 

La novela es material de otro análisis. Donde la película se dedica a proponer una tesis, y una apoteosis de imagen, la novela pinta con minucia el mal.

Cuando digo el mal, me refiero al Mal. A Todo El Mal. Humbert Humbert es todo el mal, en sus más profundos vericuetos, y peor aún, implicancias. El estudio de Nabokov es perfecto a todo nivel. Donde muchos psiquiatras fracasan por un ímpetu teleologista, Vladimir, en lingua secunda y tristemente en patria abscondi, con una naturalidad que roza lo sospechoso nos muestra el Mal, el deslinde continuo entre la psicopatología, la falta más abyecta de toda ética, y la deliberada ejecución antimoral de la libertad.

Es el personaje más densamente tejido que he leído. A su favor está que es arquetípico (Malus et nequam homo; Consuetudo mala.*), por lo que no hay que detenerse, al construirlo, en esas pequeñas disonancias, las suaves incongruencias y conflictos que hacen de un hombre un hombre. Pero a cambio de ello, Nabokov no se detiene. H.H. es patológicamente egoísta, enfermizamente centrado en sí mismo, obscenamente incapaz del otro.


Donde esas características tocan lo imposible, Nabokov hace aparecer la patología psiquiátrica con una sutileza que asombra: la escisión de la personalidad, la escisión del relato, el narcisismo herido encapsulado, el terror del futuro, la recursión infantil, sin jamás "presentarlas", sin ponerles un nombre, sin recargarlas con esas descripciones del ámbito interior o las pesadas reflexiones de los escritores previos, sino simplemente dejándolas aparecer, liberándolas en escena, a ellas las obscenas**, para hacer su cometido según les compete en una historia que es natural, orgánica, franca.

Mas nuevamente, cuando la configuración de la enfermedad comienza a estructurarse y el personaje quisiera llevar a nuestros inconscientes por el tranquilo arroyo del diagnóstico, irrumpe el mal, el asqueroso descarte de toda ética, la renuncia sistemática, libre, voluntaria, a todo el bien.

La prosa de Nabokov no tolera ninguna falla. No hay suturas. Ningún sitio en que se sienta al autor (Nabokov no se deja ver, es por completo y perfectamente invisible) intentando introducir un tema, empezar un concepto, proponer una idea; todo simplemente sucede, inevitable, imperturbable, con el peso de lo absoluto y verdadero, tanto a nivel de relato como a nivel de subrelato. ¿Era imposible detener el curso de Lolita, entonces?



No, y ahí está lo más poderosamente logrado, en la historia y en la reflexión que representa sobre el mal. Es HH el que lo hace imposible. HH es el motor de todo, y es precisamente el hombre, con su libertad, el que hace al mal indetenible, el que le da la fuerza lenta pero inconmensurable de un glaciar.

Han dicho que lo de H.H. es amor, incluso pasión, que Nabokov hizo a HH enfermar de una enfermedad que se llama Lolita. La prosa está ahí, indiscutible, férrea: no hay una sola (¡ninguna, lector!) en que se postule siquiera el más tímido interés por Lolita. nunca, nunca jamás se transforma la niña en un alguien: esta es la obra maestra de Nabokov, la más estudiada y estremecedora - cuando se la ve - faceta del suizo endemoniado. Porque uno se da cuenta tardíamente, despistado por el aparente amor y cortesía del monstruo europeo.

La novela de antihéroes que los norteamericanos (obligado a meter a Nabokov acá, mi buen pobre ruso) han llevado a la maestría durante el siglo XX (Caulfield, Herzog, Humbert, por nombrar algunos ilustres e inmortales) ha logrado salir de los "subhombres", es decir el antihéroe patético, al que cabe casi tenerle lástima, hasta presentarnos seres humanos completos. Seres humanos completos que reconocemos como pares, pero con los que jamás nos reconoceríamos. Una inversión completa del viejo anhelo de identidad en el relato.

Aristóteles y los 2400 años construidos sobre sus eudaimónicos y anchos hombros nos han legado la noción implícita de que todo hombre tiende al bien, y que toda tendencia al no bien proviene del error. "Enfermedad" queremos decir frente a H.H. Pero mientras lo observamos suprimir el llanto de Lolita en forma animal, mientras lo miramos ejercer su despótica, tiránica, avasallante libertad, no podemos ver al "esclavo de sí mismo"***, atrapado, sino el monstruo que la deforma. Para siempre.


En su acabadísima y cohesiva viñeta de un monstruo, Nabokov nos obliga a atisbar dentro del abismo moral que más nos aterra: aceptar que el hombre no es acabado y cohesivo; aceptar que el hombre está íntimamente partido por dentro, y que vivimos sujetando los pedazos para que el mundo del bien funcione.

Mientras nos agota el espíritu con todo eso, Nabokov nos pasea con una prosa deliciosa, cargada como cornucopia de una cultura literaria universal abismante, por lo completa, por lo amena, por lo nada forzoda, a través de un Estados Unidos hermoso, bondadoso, que se muere en las manos de muchos otros Quilty y Humbert y Charlottes, con imágenes que justificarían el libro mismo por su hermosura, aunque sólo fuere el cuento de un roadtrip. Pero no lo es.


* Malo y pervertido el hombre; malos sus hábitos. Notablemente en ese orden, y no al revés como podría pensarse
** Tanto que Humbert insistió en lo obsceno etimológico, lo que no debe aparecer.
*** Henri Ey: "Las enfermedades mentales son la patología de la libertad"

27 de febrero de 2013

Influencias

Lacrosse, 2007:

This New Year Will Be for You and Me by Lacrosse on Grooveshark

Anathema, 2010:

06 Presence by Anathema on Grooveshark

De acuerdo, es una armonía súper básica y los sintetizadores son la bomba, pero estos muchachos de Anathema...

23 de febrero de 2013

Arrullo

Aún después de este día interminable
réstame llegar,
abrir las puertas,
accionar desde cerca los aceitados mecanismos
y como en una película de western obsesionada de detalles
anular el cerrojo
echando a correr el cascabeleo de las llaves.

Y sé al otro lado:
penumbra, silencio, un aire que se ha secado
pasando la tarde inmóvil
sin esperarme
porque el aire es siempre el mismo
y ya está cansado de todo.

Sé más; sé los sitios precisos donde abrevan los muebles,
descansa la alfombra
y apacienta mi cama,
ganados seguros e inmóviles entre la mies poco quieta de mis cansinos movimientos

Quizá demasiada lectura
me está proponiendo discertezas sesgas
o un influjo estacional rasca la perilla micrómetro de mis autocrinos
no lo sé;

Pero tiempo en tiempo me repulsa
- ¡no, c'est un verbo demasiado rudo! -
me silencia el llegar a saberme tan solo,
y Roa Rebolledo, página veinte y cinco:
De ahí que el bien ético
sea todo lo que procura simultáneamente
la realización de sí y de los otros
por eso el amor es el bien por excelencia,
aunque yo sé que nada de medias naranjas y siempre naranja entera,
al otro lado de la puerta
agazapada y negra
simulando ser una menestra más
el refrigerador, un vaso, o el armario,
la duda sorda de si esto está correcto,
esta soledad,
esta convicción y apuesta
de ser feliz
sin nadie a quien llegar cuando llego,
esa duda, yesca
de si quizás está todo al revés y al final del día nadie llega,
nadie llega,
si al final del día
no soy si no yo que me voy,
yo, soy yo, que a esta hora en este umbral me voy,
yo que estoy saliendo.

Splendor by M83 on Grooveshark

22 de febrero de 2013

Wystan Hugh Auden: Lullaby

The din of work is subdued,
another day has westered
and mantling darkness arrived.
Peace! Peace! Devoid your portrait
of its vexations and rest.
Your daily round is done with,
you've gotten the garbage out,
answered some tiresome letters
and paid a bill by return,
all frettolosamente.
Now you have licence to lie,
naked, curled like a shrimplet,
jacent in bed, and enjoy
its cosy micro-climate:
Sing, Big Baby, sing lullay.

The old Greeks got it all wrong:
Narcissus is an oldie,
tamed by time, released at last
from lust for other bodies,
rational and reconciled.
For many years you envied
the hirsute, the he-man type.
No longer: now you fondle
your almost feminine flesh
with mettled satisfaction,
imagining that you are
sinless and all-sufficient,
snug in the den of yourself,
Madonna and Bambino:
Sing, Big Baby, sing lullay.

Let your last thinks all be thanks:
praise your parents who gave you
a Super-Ego of strength
that saves you so much bother,
digit friends and dear them all,
then pay fair attribution
to your age, to having been
born when you were. In boyhood
you were permitted to meet
beautiful old contraptions,
soon to be banished from earth,
saddle-tank loks, beam-engines
and over-shot waterwheels.
Yes, love, you have been lucky:
Sing, Big Baby, sing lullay.

Now for oblivion: let
the belly-mind take over
down below the diaphragm,
the domain of the Mothers,
They who guard the Sacred Gates,
without whose wordless warnings
soon the verbalising I
becomes a vicious despot,
lewd, incapable of love,
disdainful, status-hungry.
Should dreams haunt you, heed them not,
for all, both sweet and horrid,
are jokes in dubious taste,
too jejune to have truck with.
Sleep, Big Baby, sleep your fill.

Intro by M83 on Grooveshark

16 de febrero de 2013

Embriagueces Tristes

Siempre me había considerado de embriagueces tristes. ¡Ah, vanidad, vanidad!. Las bellas borracheras tristes, llenas de añoranzas, de recriminaciones, de recuerdos cruzados y podría haber sido y oh dios cuánto te extraño. Todo eso.
Yo pensaba que tenía curaderas tristes, hasta que decidí tomar para (¿o junto? ¿o por? ¿o tras? las conjunciones no son sino la duda del lenguaje, las conjunciones son la intención de la palabra de tendernos en el tiempo, y ante ello no nos queda sino la rebeldía más profunda que quepa, sea el espíritu del alcohol que me inflama desde el vaso o la sorda repulsa del silencio, pero la rebeldía, la guerra tórrida y henchida de napalm contra la conjunción será la que nos haga eternos, la que nos inscriba, flechas ardientes, desde afuera del tiempo hacia el infinito) leer a Gabriela Mistral:

No cantes; siempre queda
a tu lengua apegado
un canto: el que debió ser entregado.

No beses: siempre queda,
por maldición extraña,
el beso al que no alcanzan las entrañas.

Reza, reza que es dulce; pero sabe
que no acierta a decir tu lengua avara
el sólo Padre Nuestro que salvara.

Y no llames la muerte por clemente,
pues en las carnes de blancura inmensa,
un jirón vivo quedará que siente
la piedra que te ahoga,
el gusano voraz que te destrenza.

En: Desolación 

Y entonces eso es beber triste, es el alcohol que sube y se despeña en una lágrima en el bastión del zigomático.

14 de febrero de 2013

Belleza

"La belleza, como sostendría más tarde la Edad Media, es el resplandor de la forma, que es a su vez lo que constituye a un ser en algo determinado"

- Armando Roa Rebolledo, "Ética y bioética"

Las idas a la playa siempre me sensibilizan para con la forma. Muchos cuerpos por ahí dando vuelta, muchos de ellos bellos, algunos pocos, perfectos. Es cosa de mirar los cuadernos de poesías, me pongo a hacer métrica como si se me fuera la vida en eso, o el blog, en que me pongo productivo.
Este año la playa y toda su explosión de pieles me pilló medio de lado, leyendo Ética, de todas las cosas posibles. Sobre lo bueno, y lo correcto, y el crecimiento, y todo eso. No niego que lo estoy pasando como chancho en el barro, pero me hace pensar, y como todos sabemos, pensar es jodidamente peligroso. 
Estaba esperando el ladrillazo (las ideas me llegan en formato sólido y a un promedio de 90 km/h, para los que no me conocen) solazándome en la contemplación recatada de una rubia que alguien sacó de los reinos de lo imposible cuando ¡plaf! la rubia desapareció. Sentí ese principio, esa mini angustia (o baby angustia, si sigo con la nomenclatura que inventó Camila en función de las baby-ribs) de cuando perdías un juguete, o algo nuevo ya no estaba, algo te tenías que acordar y se te iba, ¡demonios!. Pero de pronto, epifanía,
Ése era mi ladrillazo. El tema problemático con la belleza está en la posesión: algo hay - me interesa investigarlo - en la belleza que suscita deseo de exclusividad y derecho ("La tenencia de una cosa determinada con ánimo de señor o dueño" es la definición de posesión para el Código Civil Chileno, díganme si eso no tiene poesía [Roberto Musa me empoderó del texto]). La experiencia me dice que la posesión es bastante un lastre para ser.
¿Necesito la belleza? No. Lo que necesito es el resplandor de la forma, que me ilumine, y que me alimente, pero no necesito el ser que esa forma circunscribe y determina. O sea, se supone que sí, que todos somos jóvenes y hermosos y (prosaico deviene el lenguaje) queremos tirar con jóvenes y hermosos, pero eso va a durar ¿diez? ¿quince? a lo sumo, años más. ¿Qué va a pasar después? ¿súbitamente voy a dejar de necesitar el resplandor de la forma?.
Nah, mejor seguir mirando, lo que tenga que necesitar lo iré recabando en el camino. Lo que quise decir aquí (futuro yo: este post te salió como el poto, tienes que mejorar el filtro y escribir cuando las cosas se te ocurren, no 5 días después) es que se puede ser feliz mirando la belleza y teniendo, de momento, ninguna. Hay que entrenarse en el abandono, en dejar ir y venir. Que el sol de la forma brille brillante sobre todas nuestras avenidas, y mi corazón camine libre de un lastre más. No es que no quiera a alguien hermoso en mi vida. Es que el no tenerlo no significa que esté mermado.

¡Limonada!


El post pasado explica el título de este post.
Lo que no explica nada es que el cuaderno perdido, mis apuntes de ética, se habían ido en la carpeta de alta de un paciente quien, héroe anónimo, lo vino a devolver. ¡Lo recuperé! ¡Limonada! El universo es gratificante. Y de colores, chúpate esa.

Ahora, un clásico de la felicidad y el todo va a estar bien:

6 de febrero de 2013

Limones


Conocí a una mujer preciosa, de ojos vivaces, lentes de marco grueso, cuerpo delicado y bello, largo pelo negro, creativa, emprendedora, cautivante, y la convencí de salir conmigo para que ella me convenciera luego a su vez de que no está pero ni ahí. (¡hola Gabriela, todo sin rencor, si pasas por acá!)

Avancé muchísimo en los apuntes de mi investigación en ética de la autonomía leyendo en los turnos, para perder mi cuaderno, al parecer, en un baño del hospital. Decidí salir a andar más en bici para reventar la cámara y terminar de deformar el aro, que ahora ya no calza con el freno.

Calendaricé cuidadosamente mi semana para hoy equivocarme de micro y perder olímpicamente el bus.

Redacté esta entrada mucho mejor y con fotos en mi mente sólo para descubrir que absolutamente todos están de vacaciones en Casa Central, incluyendo los pc, así que escribo esto en el infierno de mi celular.

Lo único que se salva con glorias es el cumpleaños de Pablo Musa, que salió perfecto y tomé lo justo y lo pasé la raja y conocí a Aliky, a Nico y a Javiera que entre los tres son como cinco personas de lo puro bacanes.

Limones. Cuando la vida te los da, haz limonada. O pisco sour. O échatelos en los ojos, qué sé yo. Lo más fácil es sufrir y frustrarse. También lo más zonzo, infantil y poco útil. Al otro extremo está la capacidad, propia del Buddha, de aceptar que las cosas salen como el ajo, la mayor parte de las veces por culpa mía, y tomarlo como viene.

¿y entre medio? Shéng Zhóu, dice en mi segundo y tercer metatarso, el universo es sagrado. Déjalo hacer. Las primeras veces me acogí a la idea de que el universo iba a proveer, que había que dejar fluir a lo que por necesidad acuda. Y cada vez que lo intento el universo parece asentir.


Pese a todo, cada día me hace más sentido que, la verdad, es que el universo es un revoltijo sublime, y no es que provea, es que está provisto; y cuando sucede la caca, simplemente, suceden otras cosas, otros planes.

Suena parecido, pero no es igual. Aún así, a quién engaño, si en el fondo espero que la flaquita de la bici lea esto y me diga que malinterpreté todo, o que algo extraño, místico y sublime me haga pensar que el universo quería que me perdiera el primer bus.
(El cuaderno, en todo caso, no lo perdono con nada, ¡estaba haciendo historia allí, maldito universo!)

24 de enero de 2013

Ars Citandum




"Las ideas son a los objetos lo que las constelaciones son a las estrellas."

Benjamin.
y con ello, Benjamin insiste en una propuesta de hacer no sólo arte, sino análisis de arte, que vendría a moverme a la mente a mí, casi un siglo más tarde. Benjamín le entrega (quizá sin quererlo) al arte el derecho a inefabilidad, que, diantres, tanta falta le hacía después de el problema de la reproductibilidad técnica.


Pero divago. Lo importante es una forma de hacer propuestas que obliguen al público a intervenir, a completar, a trazar las constelaciones que nosotros hemos prefigurado, pero sólo entregando los objetos. Benjamin lo intenta con éxito variable en el Passagen Werkhe tenido el libro (que reputadamente envió a su autor a la tumba) en las manos (era carísimo, imposible de comprar) y se puede (contra lo que podría esperar el autor) sentir el aura, el peso de estar frente a un objeto desafiante, como una brújula imposible sacada del fondo de los mares,
Grrrr I'm Badasss
Reznor
y la sensación de un hiperlibro oculto, algo que no está escrito, que está esperando ser escrito. De eso trata el nuevo arte de Benjamin; ese algo que antes entendieron los curadores de museos.


En la medida en que uno abraza esto, generar un relato lineal se hace más y más difícil. Demonios, generar un relato circular se hace difícil. No están las herramientas para escribir - ni siquiera para hablar - en red, pero sí para pensar, y para sentir. Les regalo a Reznor:


Son las dos últimas canciones del disco The Downward Spiral, Año '94, por los Nine Inch Nails. Los amantes del cine habrán visto el díptico que hacen Social Network y The Girl with a Dragon Tattoo, de Fincher. (Si no la han visto, ambas son tesis del autor, véalas, fíjese en los colores y los planos de la segunda, en la estructura de la primera, y por sobre todo, en la música de ambos, de Reznor con Atticus Ross). Ahora sienta la cita:

Intriguing Possibilities by Trent Reznor and Atticus Ross on Grooveshark
Eventually We Find Our Way by Trent Reznor and Atticus Ross on Grooveshark

Rooney Mara en The Girl...
Lo que indefectiblemente nos obliga a recordar nuestra infancia, y con ella, el Quake. Porque la música del Quake era de Trent Reznor del tiempo de Nine Inch Nails (así como la pistola de clavos disparaba nine inch nails, fíjate), generando uno de los OSTs más terroríficos de la historia:

Quake Theme by Nine Inch Nails on Grooveshark
[Intermission] by Trent Reznor on Grooveshark

Sin embargo, las citas difractan. Esto (también) es Hurt:

Hurt by Johnny Cash on Grooveshark

También es sabido que Walter Benjamin era amigo de Scholem. Aquí está Borges y una de sus ideas recursivas, a su vez, una de mis lecturas (¿o debo decir objeto?) favoritas, que permiten irradiar constelaciones como en un sol infinito. Yo sé que no me van a creer, porque casi yo mismo no lo creo (la naturaleza imita al arte, insistía Julio), pero cuando redacté esa frase me salió esto en la playlist.
Una infancia de empalar monstruos con clavos de nueve pulgadas.

21 de enero de 2013

Good is Good, Man

Yo solía pensar de mí mismo que soy un sujeto de bronces. El jazz de piano solo se me pierde, se vuela fácil, se ascensoriza. Pero Ray Charles... no, Ray no.


Rara cosa este fin de semana. Un engendro. El viernes me infatué con una violencia recursiva, que me obligó a replantearme: ¿Qué es eso que quiero en una mujer?
Admiración. Una pareja a la que pueda admirar con un asombro místico, sublime, entregado, sin reservas.
Por supuesto, de añadidura, todo el carrusel emocional. Pensé que ya tenía las ruedas oxidadas, pero la montaña rusa rueda lo mismo en este corazón no-idiota.
Admiración. ¿No es eso lo que los creyentes tienen con su dios? ¿No es eso lo que yo tenía con dios hasta que se me cayeron de los brazos todas las admiraciones y todas las creencias? ¿Estoy sintiendo a dios de nuevo? ¿Voy a tener que utilizar la D mayúscula otra vez? Holy Crap.
Así es que acudí al viejo azul, oh mar, deléitame en tu fusión. Como en una visión onírica, acudió a mí un dragón rojo y dorado al son de gongs y tambores. Año nuevo chino y un desfile en la playa; literalmente me vino a visitar mi tatuaje, versión de 10 metros y llevado por ocho personas. Y pude leerlo una vez más: El universo es sagrado; sigue la luz. Tuve closure, tuve lo que necesitaba para dejarla ir si necesitaba irse, tan rápido como había venido (y es que es hermosa, y la admiro, pero no es para mí).

Fui al borde de la galaxia y me devolví en tres días. Qué hermoso es que mi corazón sienta.

Good is Good, Man!.

18 de enero de 2013

Soneto Precedido

Quiero tener el rostro de alabastro;

Quiero fingir en tu dormir guardia
esfinge protegiendo tu sagrado
cual si a blasón no fuérete el sol dado
y no fuera yo el que medra en tu savia

Quiero ser el heraldo de la rabia
en cada nimia afrenta que tu hädo
enriquezca a tus pies; y en ese estado
quebrar tu duda en roca que no cambia.

Ser el mar de tu nave en las cuadernas
cuando navegues presurosa el roble,
Helena o vellocino, todo al doble, 

Aunque esto signifique quema eterna
En la furia tendida de tu ästro

Descorchar la mente

"y deponer la esperanza
convertida en su verbo alterno y secreto
 que no es espera, 
que es acción"


Hace más tiempo que el quisiera estoy escribiendo bastante menos de lo que debo (funny thought, como si hubiese un deber escribir). ¿Falta de ímpetu? ¿Triunfo del agazapado y persistente temor al hasta aquí no más llegamos, se me secó la fontana del cerebro?. Siempre tiendo a pensar en esas cosas. Resabios del fatalista que mi madre insistió en mostrarme que era durante niño (otra idea curiosa, durante niño, como si no fuera un estado aparte, una pupación con otro número de patas, antenas, colores y órganos).

Años (pocos) me han ido acostumbrando al ciclo, a aceptarme el ciclo. Me cambian los gustos, me cambia la frecuencia creativo, sobre todo me cambian los hábitos de digestión de contenido. Y, gracias a los dioses en los que no creo pero a los cuales temo, más que un ciclo, tiende a espiral. Puedo sentir como la literatura me entra distinto, palpar la presencia de nuevos lenguajes, y con ello, por sobre todo, nuevas necesidades, nuevas hambres, nuevos modos de devorar. Esto es lo que me ha mantenido silente.

Hay varios textos que me urgen; uno me urge lo suficiente como para tener que escribir de todos los otros. Estas letras, entonces, serán su horrísono parto; el mulo de un texto maldito, entre las gestaciones momificadas que le precedieron, junto al imperativo actual. Un único, suficiente, magistral, definitivo, paradigmal consuelo: “Los objetos son a las ideas como las estrellas son a las constelaciones”. Gracias, Walter Benjamin. Tantas veces, y tantas formas, de dar forma a un susurro que habitaba mi alma desde antes.

Fincher. Plano americano, colores fríos, personajes en detalle por sus actos, evolutivos. Narración de espacios y mecanismos, pero sobre todo de espacios. Siempre me pensé (Siempre me creé) muy opa como para entender cine del verdadero, así entender cine como entiendo el ciclo de Krebs u otras cosas. Fincher me abrió esa puerta en forma obligatoria. El cine de autor como tesis narrativa, el cine como tesis temática, la interdependencia de las dos tesis; leer cine es una de las lecturas más hermosas. No tiene nada de paradojal que la puerta me la abrió en verdad años antes Rulfo (yo no lo había notado); yo vine al cine a buscar a mi padre, me llamo Juan Preciado.

Button. El extraño caso de Benjamin Button. Trabajar con Pitt debe ser un agrado sólo equivalente al desafío. Es malear un objeto perfecto, a fin de cuentas. Hermoso, preciso, es como una flecha de un metal misterioso, irrompible y ultraliviano. ¿Cómo manejar tal arco? ¿como limitar tal diana?. Narrativa de urgencia, no por lo temporal, si no por lo necesario, lo inescapable.

Button y el envejecimiento. Se encuentran cuando son perfectos; nada dura. Bam, el cerebro de Juan-Ignacio estallado, estragando de rojo y aceite toda la habitación figurada. Pese a un discurso permanente sobre el cambio, sobre la persistencia del deseo, sobre el asentamiento, primera vez que verdaderamente siento el terrible vacío del que penden mis actos, el deseo de perfección (una perfección secreta de la cual sólo yo manejo la cifra), la real consistencia de que puedo llegar a un cierto punto y que luego puedo devolverme; puedo conseguir algunas cosas pero no conservarlas. Mérito a Fincher por tender un axón hacia mi aurícula con tanta naturalidad. Soy mejor persona.

Shéng Zhòu Kwáng Lóng. Se me ha estado olvidando mirarme los pies. El universo es sagrado; sigue su luz. Por un segundo lo hice, blam, mi mundo brilla, resplandece. Gracias.

Este sentimiento que ya había olvidado. Estaba tan conforme conmigo mismo, con mi espera autosuficiente que tendía a no ser una espera sino una rebeldía, un tour de force sobre una historia pre hecha contra la que me plantaba, monolítico. Esto no lo esperaba. Tengo unas grietas que no sé si son grietas, unas debilidades que podría confundir con vigas centrales de mi templo, unas oscuridades que no sé si son una luz demasiado concentrada, hecha objeto. Y entonces plaf, algo, alguien, un modo de tener que replanteármelo todo.

¿Quién quiero ser? La necesidad de volver a ser creativo, de volver a mi raíz unitaria y nutricia, la imperiosa orden de dejar de enmascararme y empaquetarme y ahogarme en cintas de embalaje con este fantasma, esta caricatura de lo que creí querer ser. Yo ya no quiero ser un niño bueno. Y no es rebeldía adolescente, ni que quiera ser malo; yo quiero ser de mi color, no celeste.

Este sentimiento que ya había olvidado. Pero por la cresta, mundo, estábamos tan de acuerdo y tan bien, yo cultivando una Melissa y un Cyclamén, tú proveyendo de la luz y las piedras necesarias para seguir caminando o trepando o despeñándome según corresponda. ¿Ahora esto? ¿En serio? ¿This much road ahead? No entiendo, pero sé que quisiera poder hacer lo que quieres que haga. Como dice la canción, It took all the man in me to be the dog you wanted me to be.

Este sentimiento que ya había olvidado. Lo peor es vislumbrar que todo eso que yo dije era mezquindad en mí tiene luz, tanta luz.

Descorchar la mente, servírsela en copa de plata. Escanciar según necesidad.